martes, 11 de agosto de 2009

EL FIN DEL ECONOMICISMO COMO HORIZONTE POLÍTICO


"Cuando ambicionan altos empleos del Estado y no pueden obtenerlos por méritos y talentos personales, derrochan dinero, seduciendo y atrayéndose a la masa por todos los medios posibles. La consecuencia es que este arribismo político acostumbra al pueblo a tomar regalos y le infunde un ansia de dinero obtenido sin trabajar. Con ello perece la democracia y es sustituida por la dictadura de los puños.(...) Y entonces, aglomerándose, asesina, saquea y hace suya la propiedad de los demás , hasta que, totalmente corrompida, cae en poder de un dictador ilimitado..."

POLIBIO


"El príncipe Pompeyo y el tribuno César (...) representan aun partidos; pero se repartieron el mundo con Craso en Luca por vez primera. Cuando los herederos combatían en Filipi contra los asesinos de César, ya no eran más que grupos. En Accio sólo había individuos. El cesarismo se había realizado"

OSWALD SPENGLER




En todo movimiento revolucionario alientan, de un lado, la envidia y las ansias de destrucción que emanan de la chusma callejera, y de otro, la maestría de los demagogos que saben sacar partido a estos enfermizos instintos.

Pero no nos engañemos. Cualquier organización descansa por necesidad en la capacidad rectora de una minoría que marca la dirección que unívocamente ha de seguir el resto; hay, pues, un sujeto que impone su voluntad y un objeto -la inmensa mayoría- que obedece ciegamente. Este hecho es tan válido en las fábricas como en los ejércitos, tanto en las democracias como en los estallidos revolucionarios. Pero en el terreno político, la pregunta decisiva es (idealismos aparte) si las cabezas que están al mundo utilizan su autoridad para consumar ideas suprapersonales, o si tan sólo se busca el botín con el fin de consolidar y acrecentar negocios puramente privados. Y como no podía ser menos, los demagogos que más han despuntado en la Historia han anhelado únicamente servirse de la masa que previamente habían aglutinado y enardecido, todo ello con la clara intención de aprovecharse de ella y manejarla a su antojo para alcanzar el poder que por tradición no les corresponde. Por eso la "democrática" fórmula de prometer todo cuanto a la plebe le apetece se convierte en expresión de la época, y los ideales utilitarios que persiguen la "felicidad del mayor número" desarrollan sistemas eticosociales con el propósito de legitimar en el campo teórico las aspiraciones plutocráticas del sistema dominante.

Como fácilmente podemos bosquejar, los partidos políticos y los sindicatos, acompañados del innumerable séquito de incondicionales ávidos de ocupar cargos burocráticos, así como de la clase de los banqueros y altos financieros, han llevado a cabo conjuntamente la exitosa tarea de expropiar la autoridad del Estado en política y la del inventor o empresario en economía. Sus altas esferas son las que han subvertido el significado de todos los términos que antaño parecían inamovibles (libertad, autoridad, clases sociales, capitalismo, riqueza, pobreza) y los han acomodado de acuerdo a sus particulares intereses; han invertido ingentes sumas de dinero para, a través de los mass media y las instituciones públicas, atenazar al individuo hasta reducirlo a mera función de un invisible "campo de fuerza" que hoy abarca toda la Tierra; han creado organismos internacionales con los que poder hacer sentir los implacables efectos de sus decisiones hasta en los rincones más inaccesibles del planeta. Estas personalidades privadas, estos "césares del Dinero", son los señores de nuestras cosmovisiones y de nuestros destinos, y sólo una catástrofe de proporciones colosales puede quebrantar su ilimitado poderío.

Pero para hallar los orígenes de esta inmensa revolución debemos remontarnos muy atrás en el tiempo. Fue hacia la segunda mitad del siglo XIX cuando las teorías oriundas del marxismo penetraron de tal forma en política que lograron desviar la creciente aversión que ciertos sectores sintieron hacia el Estado de constitución liberal, canalizando ese odio en la dirección de los industriales. Esta circunstancia fue pronto aprovechada por los nuevos regentes del Estado, que empezaron a intervenir en la vida económica de todas las potencias europeas, dividiéndolas internamente mediante parlamentos y partidos (división que sólo pudo superar Inglaterra debido a su larga tradición parlamentaria) y fomentando la discordia en su seno para hacer imposible la unidad de cara a la política exterior. De esta forma los esfuerzos estatales se focalizaron casi exclusivamente en la economía nacional, por lo que la labor del genuino estadista, repleta de una profunda experiencia histórica, se desvalorizó hasta dejar el puesto a los negocios de partido y a los agitadores profesionales, marginando la política de Gran Estilo a un segundo plano.
Pero este orden será aniquilado en cuanto se extinga el pensamiento economicista, lo cual acontecerá en el mismo instante en que se constate que el valor del Dinero no se corresponde con ningún valor real o tangible, sino tan sólo con magnitudes abstractas, como las "cotizaciones", que pueden hacer aumentar la deuda indefinidamente hasta que por la falta de recursos el sistema se colapsa y se viene abajo. Es en esta encrucijada cuando resurgirán los poderes de la auténtica política, que vencerán a los beneficiarios del anterior orden en una contienda cuyo resultado está determinado. A partir de entonces los combates serán más privados que nunca, pero ya no por Dinero, sino por alcanzar el poder absoluto. Serán tiempos en los que unas pocas personalidades enérgicas podrán reunir bajo su mando ejércitos inmensos, tiempos en los que los territorios en disputa serán azotados por el pillaje de quienes, libertados del pusilánime economicismo, buscarán en el saqueo y la violencia las armas con las que abrir el camino a un nuevo capítulo de la Historia.

15 comentarios:

JR dijo...

Saludos amigo, te devuelvo la visita que hicieras a miblog ( http://mitohistoriacultura.blogspot.com )hace casi un año y te agradezco los comentarios sobre mi artículo; La verdad que era solo un borrador de preparación para un exposición que efectué en un congreso, por lo cual esta bastante incompleto.

Estuve leyendo tu artículo y quería comentarte que para mí Spengler es un autor muy interesante por el estilo drámatico con que expresa sus pensamientos y porque muchas de sus "profecías" se asemejan a lo que ocurrió en el mundo despues de su muerte (más no creo que sean exactas). Puedo decirte que soy un estudioso de Spengler, mi interés principal se centra en su vinculación con los Nazis -la cual efectivamente existió- en el sentido de que su ataque al parlamentarismo, la democracia y el socialismo fue abono para la siembra de odio del Fascismo. Spengler era un hombre de extrema derecha, muy tradicionalista, imperialista y firme creyente en la guerra. No podemos compartir esa visión tan sesgada del mundo si queremos que el Sigo XXI sea mejor que el XX. La extrema derecha no es la solución, así como tampoco lo es el comunismo o la extrema izquierda. Para mí el futuro debemos buscarlo en un nuevo tipo de sistema liberal, que siga apoyándose en el capitalismo, pero exigiéndo a los industriales aportar más a las comunidades, a los más pbres, para que la demagogia no tenga terreno donde surgir, es una construcción muy difícil pero las alternativas si no se hace este esfuerzo serían volver a repetir los desastres del Fascismo o el Comunismo. Bien, Saludos!

Manuel David Mora Hervás dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Manuel David Mora Hervás dijo...

Gracias, querido amigo por tus comentarios y elogios.

Simplemente quería advertirle de la inexactitud que expresan algunas de sus propuestas, como que el "cesarismo" que vaticinó Spengler se cumplió en cierta manera con el advenimiento del nazismo y su paladín Adolf Hitler. En realidad, el filósofo alemán fue muy claro al subrayar que el cesarismo sólo surge cuando los partidos no tienen cabida, cuando la masa es un elemento que no cuenta para nada políticamente, y por tanto, no necesita ser "hipnotizada".

Pese a su rechazo hacia la democracia y el sufragio universal, el nazismo era ante todo un PARTIDO, y gran parte de su agenda se fundamentaba en el control de las masas. Por lo demás, Hitler fue un demagogo que supo mejor que nadie sacar provecho a la envidia de la plebe que deseaba ganar dinero ajeno sin trabajar, de ahí sus ansias por apoderarse de la riqueza que habían creado los judíos (ya que no todos fueron usureros, claro está).

Creo firmemente que la etapa del cesarismo aún no ha hecho acto de presencia, pues la irresistible llegada de este poder solo reaparece en la Historia cuando es vencida la política del Dinero, cosa que, según el pronóstico de algunos economistas como Jose Luis Sampedro, no tardará mucho en suceder.

JR dijo...

Gracias por tu comentario. Quisiera sin embargo aclararte que sólo pienso que la llegada de Hitler se asemeja a la llegada del Cesarismo, pero como tu bien señalas, adolece de varios elementos necesarios, señalados por Spengler, para que pudieramos toamrlo plenamente como tal. Es importante señalar que para muchos contemporáneos de Spengler, esos elementos faltantes no tenían relevancia para desvirtuar la identificación de Hitler con el César de Spengler. Un ejemplo muy claro de ello se puede ver en el diario del "arquitecto de Hitler" Albert Speer.

Por otra parte, cuando hablo de la relación de Spengler con los nazis, me refiero a su papel como "precursor" del movimiento nacionalsocialista, el cual no dudo en atribuírle, basado en mis investigaciones, aún cuando Spengler mismo tomo distancia de los nazis tempranamente. Los documentos, sin embargo, y la actitud de algunos importantes líderes nazis hacia él, lo condenan.

En cuanto al otro punto de tu comentario, me interesaría que me aclares un poco mejor si cuando te refieres al inminente fin de la política del dinero ( o como dices en tu artículo: el fin del "economicismo como horizonte político") te estas refirirendo al fin del sistema capitalista.

Manuel David Mora Hervás dijo...

La pregunta en este caso sería: ¿qué entendemos por capitalismo? Pues si por tal entendemos el sistema actual que es a su vez heredero directo del sistema de Adam Smith, en el que cada sector de la economía sólo busca el máximo de beneficio COMO FIN EN SÍ (capitalismo inglés), sin inportarle el precio justo de los productos, o que legitima la existencia de la publicidad, la especulación financiera y los sindicatos, y que por otro lado ahoga la iniciativa privada de los verdaderos empresarios, es indudable que este planteamiento materialista de la economía (que llamo "economicismo") está condenado tarde o temprano a sucumbir por su propia inercia. Este es mi planteamiento.

JR dijo...

Muy bien, me queda claro tu planteamiento. Ahora bien, tu consideras que este fin del economicismo conduciría a un sistema capitalista "sin impurezas" (por llamarlo de alguna forma)? Yo por mi parte creo que es difícil que eso pueda ocurrir, o en todo caso, que los elementos del economicismo actual puedan desaparecer de la dinámica económica y política. Ten en cuenta que, por ejemplo, el préstamo con interés existió ya en la Atenas de Pericles y tal vez antes. Tomemos otro elemento de los que mencionas, establecer el precio justo de un producto; cómo puede establecerse realmente? y quien sería el encargado de establecerlo? el Estado?, que en la práctica pudiera ser simplemente el gobierno de turno?

Por otro lado, debe tomarse en cuenta el giro hacia la izquierda que parece estar tomando la política en el mundo actual, y que en Latinoamérica (empezando por Venezuela, mi país de residencia) parece estar apuntando hacia un socialismo de estado similar al de la antigua URSS, lo que siginificaría que el fin el economicismo traería como consecuencia, no un capitalismo mejor o más puro, sino un renacer del comunismo.

Me gustaría conocer tu opinión respecto a estos puntos.

Manuel David Mora Hervás dijo...

Creo que quienes deberían regular los precios de mercado serían unas leyes que permitiesen una mayor libertad tanto para consumidores como para vendedores, suponiendo siempre que ambos "bandos" comparten intereses comunes y no hay porqué dividirlos y enfrentarlos. Creo también que el Estado debe vigilar los casos de comercio abusivo, en el que se multipliquen irracionalmente los precios por culpa de la impunidad de los intermediarios. También considero que la misión fundamental del Estado en materia económica es establecer un sistema de proteccionismo eficaz que fomente al máximo la competencia en el ámbito nacional (claro que por proteccionismo no entiendo ninguna clase de intervencionismo ni autarquía).
Con respecto al problema del auge del comunismo, pienso que la situación no es tan simple como parece: lo que ocurre en Cuba o en Venezuela, por ejemplo, no es tanto un gobierno de ideología comunista, sino en realidad el GOBIERNO DE PERSONALIDADES PRIVADAS, que en todo caso utilizan determinadas ideologías como una cortina de humo de cara a las masas. No sin razón se habla hoy de "chavismo" o "castrismo", lo cual denota que a finales del siglo XX las ideologías totalitarias como el comunismo o el fascismo han cedido terreno frente a las políticas privadas de cuño cesáreo. Que estas gentes se autocalificen de "socialistas" o "neonazis" no cambian en absoluto la realidad de sus acciones. Estos calificativos ya no pueden ser más que slogans con el fin de engañar y someter a las gentes.

CRIMENMALPENSAR dijo...

Si bien la discusión ha discurrido por varios senderos, quisiera solo puntualizar una cuestión:

Considero en extremo erronea la posición del amigo JR respecto a ciertos aspectos del pensamiento de Oswald Spengler, en tanto que las concepciones que tiene del filosofo derivan claramente de ciertas formas y estructuras de razonamiento que son erroneas; y paso a explicar por que.

Fiel al espíritu de las máximas gramscianas, la nueva izquierda, ha venido ejerciendo de forma muy sutíl, una progresiva tergiversación del lenguaje simbólico aplicando por doquier el llamado "silogismo de falsa identidad" apoyado en un eficaz discurso que se afana por establecer una generalizada "corrección pòlítica"

De esto creo yo que se derivan las opiniones de JR respecto de Spengler, en tanto que por ser tradicionalista, automaticamente lo asocia con la "extrema derecha", con el nazismo (en este caso salvando ciertas eventualidades políticas propias de la época, considero que las implicancias ideólogicas del filósofo con el nazismo fueron mínimas y eventuales)y con el imperialismo.
Si bien pudieron haber vestigios y exponentes tradicionalistas en el nazismo (cosa que no es extraña en un régimen que políticamente hablando, fue un batiburrillo de ideas, intereses y lucha por la supervivencia, a tal punto que mas de un socialdemocráta, liberal o comunista, mutó a nazi en un abrir y cerrar de ojos) no significa que haya que asociar y unir al pensamiento tradicionalista con nazismo. En ese espiritu y bajo esas formas de razonamiento, El romanticismo alemán, el dadaismo, el futurismo, etc, pueden ser considerados como corrientes culturales nazis. Nada mas incierto... Pensando de esa forma, mas de uno ha dicho que todo aquel que guste de los animales y sea vegetariano es un filonazi, puesto que hitler amaba a los animales y era vegetariano...

Respecto al liberalismo que JR en su sano juicio ve como solución a las problematicas de hoy día, pienso que no hay nada mejor que analizar al máximo defensor del liberalismo en los últimos 10 años: Francis Fukuyama. El mismo ha considerado en "El fin de la historia" que ya lejos han quedado las viscicitudes ideológicas de la Guerra Fría y el liberalismo se ha encarnado como el único y perfecto camino hacia la solución global de los problemas económicos. Pocos años mas tarde el mismo, en "La construcción del estado" declara estar convencido de que el nivel de transferibilidad de un país a otro, de las instituciones que permiten dar simiente a un liberalismo económico y filósofico, es extremadamente bajo. Así es que Fukuyama, predicador y paladín del liberalismo, miembro distinguido del Comité de Bioetica de la Administración Bush, fue uno de los que dió el visto bueno a las invaciones militares a Afganistán e Irak por parte de EEUU.

En fin... Liberalismo, Comunismo, fascismo, nazismo, etc. Todos han bebido de la misma fuente homogeneizante y universal del pensamiento ilustrado, quizás sea hora de buscar otras fuentes...

Saludos!

JR dijo...

En respuesta al comentario publicado por CRIMENALPENSAR:
Pienso que no comprendiste bien mi exposición o tal vez fallé al no sustentar mejor mis afirmaciones.

En primer lugar nunca he dicho que Spengler fuera Nazi o pro-nazi, de hecho el mismo Spengler tomo distancia públicamente de los nazis en 1933 con su obra "Los Años Decisivos" (Comentaré sobre esta obra más adelante)

Spengler era un tradicionalista, creo que estmos de acurdo en eso; ahora bien, dices que por ello lo asocio al nazismo y al imperialismo, no es así.

Empecemos por lo último, el imperialismo es un elemento que fluye por las mismas venas del pensamiento spengleriano, basta con observar la comparación que hace Spengler entre la cultura antigua y la cultura occidental en cuanto a su visión del mundo: para la primera la historia no existe, el pasado remoto se narra a través de la mitología y por ello los historiadores antiguos se limitan a narrar los hechos cercanos en el tiempo, como una especie de "periodistas". Spengler confirma este hecho con el ejemplo de Tucídides quien afirma en la primera página de su libro, que antes de su época — hacia 400 — no han ocurrido en el mundo acontecimientos de importancia. Así pues el espacio limitado es un símbolo primario de la cultura antigua, que se manifiesta también en el predominio de la Polis, en la escultura de figuras individuales de lineas bien definidas y en la inexistencia de verdaderos imperios en la época de plenitud de esa cultura (el imperio Romano llega durante la Decadencia de la cultura Antigua);
La Cultura Occidental por el contrario es totalmente histórica, ya que se ocupa como ninguna otra en conocer los hechos ocurridos en el pasado remoto, su mirada tiende siempre al infinito, como lo demuestra, por ejemplo en el arte, la invención de la perspectiva; y estos son apenas unos pocos de los ejemplos con los cuales fundamenta Spengler sus afirmaciones. Así pues, la cultura Occidental tiene ya de por si esa tendencia al infinito: "El espacio puro, sin límites, es el ideal que el alma occidental ha buscado de continuo en su contorno cósmico." [La Decadencia, Tomo I, Cap. III, pág. 321]. Pero además afirma Spengler que el imperialismo es el símbolo de la Decadencia de toda cultura. Y aún en otro pasaje es más específico cuando dice: "La constitución interna de una nación tiene siempre y dondequiera el fin de mantener la nación en forma para la guerra exterior, ya sea militar, ya diplomática, ya económica.” [La Decadencia, Tomo II, Cap. IV, p. 554].

Es decir, Spengler es un imperialista sin lugar a dudas.

Ahora, pasando al punto siguiente, dices que asocio a Spengler con los nazis sólo por ser tradicionalista -y también imperialista como queda demostrado-en realidad estos son dos puntos importantes para encontrar la conexión, pero no los únicos.

No voy a entrar a defender cada uno de los puntos en este momento, pero puedo señalarte que en la obra de Spengler aparecen de manera clara un gran número de
(continúa...)

JR dijo...

(aquí sigue)
elementos que han sido señalados por varios autores de relevancia como elementos inequívocos del Fascismo (y el nazismo como sabemos se encuadra dentro de los
movimientos fascistas). Veamos:

Robert O. Paxton, autor del libro “Anatomía del Fascismo”, afirma que una de las “pasiones movilizadoras” del fascismo es el (…)“miedo a la decadencia del grupo por los efectos corrosivos del liberalismo individualista, la lucha de clases y las influencias extranjeras” [PAXTON, Robert O. Anatomía del Fascismo. Barcelona (Esp.). Península. 2005, p.256].

Manuel Caballero (Historiador venezolano y ensayista de renombre en temas políticos) afirma que los fascismos son hijos del miedo a la democracia, son originalmente reaccionarios. Se caracterizan por el rechazo a la Modernidad, a la
Revolución, a los derechos igualitarios.

Por su parte, Umberto Eco, en Conferencia pronunciada en Valencia, España, durante el Congreso de las perspectivas del Tercer Milenio en enero de 1997, realizó un esbozo de lo que él consideraba las características principales del “Ur-Fascismo” o “Fascismo eterno”, entre ellas destacan: culto de la tradición, rechazo del modernismo, culto de la acción por la acción -pensar es una forma de castración-, nacionalismo extremo, principio de guerra permanente, antipacifismo (de lo cual se deriva el imperialismo); culto a la muerte, heroismo, elitismo y desprecio por los débiles.

Todos los elementos anteriores se encuentran presentes en el pensamiento de Oswald Spengler.

Pero no me quedaré sólo en el terreno filosófico, las fuentes históricas también apoyan mis afirmaciones, entre ellas el diario de Albert Speer, "el arquitecto de Hitler" quien en su juventud presenció algún discurso de Spengler, sintiendo una conexión inmediata con sus ideas, incluso identificando el "César" de Spengler con la figura de Hitler. Por otro lado, entre las cartas del mismo Spengler, se puede ver una invitación de Gregor Strasser (importantísimo líder nazi) para participar en una revista política nazi, también una invitación de Joseph Goebbles para que escribiera un artículo en apoyo una campaña electoral nazi en 1933 (Spengler declinó ambas invitaciones), y así algunos otros documentos.

Para concluir retomo el comentario sobre "Los Años Decisivos" (mencionado más arriba)como ya dije en esta obra Spengler se distancia de los nazis y los critica de manera clara, pero su crítica al nazismo se origina en lo que él pensaba que era falta de visión en "política exterior" (es decir, su aparente falta de impulso expansionista en sus primeros años) y las promesas que le hacían al pueblo alemán de un futuro brilante ( un "Reich de mil años"), cuando por el contrario Spengler era un imperialista convencido y predecía la Decadencia y muerte inevitable de la cultura Occidental. Spengler falleció antes de que los nazis se lanzaran a la conquista de Europa en 1939, habría sido interesante ver su postura cuando los nazis mostraron su vena imperialista.

Así pues, lo expuesto en los párrafos anteriores es, en forma resumida, lo que me permite afirmar que aunque Spengler no fuera un nazi, ni tampoco un propagandista nazi, la propagación de sus ideas en la Alemania de aquella época, sirvió efectivamente de abono para el florecimiento de la retorcida enredadera nazi.

Nota: Sobre el tema del Liberalismo, creo que también malinterpretaste mis afirmaciones, pero para mantener mayor coherencia, te lo responderé en un mensaje posterior.

Rodrigo dijo...

Yo compriendo esa discusión, pero como no hablo español con fluencia, escriberé en ingles acerca de mios pensamientos e lo dinero.

I think there has been a misconception around the functioning of money economies and the role of Caesarism inside the framework proposed by Spengler, who discusses this in detail in the chapters "Money" and "State and History" of his second volume of Decline.

What he ultimately defines as the "Collapse" of Money and the implementation of Caesarism IS NOT necessarily the end of "wild capitalism" or the ethics and framework of the Money Economy. To this we should resort to a historical analysis of the Classical, similar to what Spengler would have done.

In Nero's Time (eg. the Time of Caesarism), there are clear historical accounts that say half of Africa was owned by less than 10 influential and extremely wealthy people. Similarly, the intensive economy of Republican times did not morph into anything different - wealth was still centered around the posession of money coins, in true Classical form, and commercial relations interlinked the whole Mediterranean, not less relevantly the shipment of grain from Egypt and Sicily to Ostia harbour. There is no significant "disintegration" or change, even an attempt at "fair prices", until the Crisis of the Third Century and what Spengler attributes as the Decline of Classical life-feeling result in the Reforms of Diocletian, which buried the old Classical economical model.

INSTEAD, and here I give special emphasis, the Transition from the politics of "Money and Mind" to "Caesarism" as postulated by Spengler is the "End" of the power and influence of Money into the Ruling of the State - whereas prior to Caesarism "one was powerful because he was wealthy" (to use another Spenglerian term), the effective imposition of Force Politics denotes the end. Now one is powerful because he has force, more often than not the muscular force of a band of warriors loyal only to an individual, and that alone determines if one rules or not, regardless of merit, ideology, standing or birth.

To go back at the Classical examples, we can clearly detect this sort of transition with the end of the Republic. Whereas in the Late Republic we still see some sort of "Transitional" element, with Sulla seizing power by force, Money rules supreme. Crassus was an influential figure solely because he was rich; indeed, as far as we know, every important figure that wished to climb the political ladder had to offer enormous bribes and concessions to electors, cronies, special interest groups and even rivals, to the degree that a political career was unthinkable without an equivalent "Money" mindset which allowed the big personalities to keep the masses well tamed. Thus we have Caesar, who had famously to borrow a gigantic amount of money to canvass the populace during his aedileship, and we have Pompey, an equally wealthy figure; we also have the example of Gracchi Brothers, who was backed by the powerful Business Class of the Equites, and again at Crassus, essentially a wealthy magnate. All of them had to play by a rule where Money had absolute domination, controlling everything: from legislation, to elections, to foreign policy and even mass riots and unprising inside of Rome.

WITH CAESARISM, this chain is decisively broken.

(Continued...)

Rodrigo dijo...

The Roman world, and thus the whole Classical world, are still governed by highly sophisticated "Capitalistic" laws, but money ceases to be a power of any degree. There are no longer any elections to control or votes to buy, or important figures to be bribed for some legislation to pass; it is thus that we come back to the primitive level of ABSOLUTE power exerted by FORCE, and force alone. Suetonius speaks that Tiberius reached the Consulship (by then only an honorary position) because his trusted Centurion had threatened the Senate with force if his wishes were not attended; by now the way to the ultimate disintegration of the Empire in the Third Century was paved. If an Emperor by any reason lost the loyalty of his legionary and praetorian forces, he would be quickly disposed of by someone with more support among them, and thus stronger.

Even the armies become private tools in this period; formerly the State had nothing to fear if this or that army was sent to combat, but now the need for a watchful eye on military commanders was very clear. Germanicus was recalled by Tiberius because he feared for his throne, in case the Germanic campaign was conducted to a successful conclusion; similarly, when the authority of the Julio-Claudian dynasty succumbed, we see legions giving allegiance to their commanders, only to slog it out on the field until only one side remained and the rest was completely destroyed or exhausted. Vespasian took the Imperial throne exclusively by force, and the triumph of his legionaries... This is a symptom which is evident already in the Late Republic, and can also be seen in other cultures.

Thus in the end it did not matter how wealthy the Equites or the Senatores were, to ascend to the Imperial throne and maintain it in Rome after Augustus meant exclusively the skill and success in military force. This is the best definition so far of "Private politics and private armies" that Spengler gives.

Just my ideas, and hope you can understand what I write ;).

JR dijo...

Great analysis on Caesarism and the role of money. I think you are totally right when yo say is necessary to "resort to a historical analysis of the Classical, similar to what Spengler would have done." in order to really understand Spengler ideas on these subjects.

So money (or Capitalism) is still alive as an exchange sistem, but not as a political force.

Manuel David Mora Hervás dijo...

En efecto, lo que propone Rodrigo es exactamente el análisis que Spengler realiza sobre el cesarismo. Tras la llegada de éste, lo que sucumbe no es el dinero en sí, SINO EL DINERO COMO MAGNITUD POLÍTICA.

Un saludo a todos y gracias por seguir opinando y compartiendo ideas en este espacio.

Rodrigo dijo...

exactamente :).